“No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16).

Nunca estés tan seguro de tu postura, que no te quepa lugar para admitir que podrías estar equivocado.

Hace tiempo entré a la finca de un amigo y en la puerta de acceso tenía un cartel en el que se leía “¡Cuidado con el perro!”. Intrigada, miré entre los barrotes de la misma para saber con qué clase de bestia peluda tendría que enfrentarme cuando mi amigo abriera, o si estaba atada con una cadena o andaba suelta.

Para mi sorpresa, cuando mi amigo abrió la puerta de su casa, salió directo a mi un yorkshire de unos dos kilos de peso. No pude evitar las risas. ¿Ese era el temible perro con el que tenía que tener cuidado?

Mi amigo me explicó que “Kiko” era muy pesado, que se enredaba en los pies de la gente cuando venía de visita y que varias personas ya le habían pisado sin querer. ¡Cuidado con el perro! no significaba que tuviera que tener precaución porque él me pudiera dañar a mi, sino que ¡era yo quien debía tener cuidado de no pisarlo a él!

Aquello me hizo pensar sobre nuestras ideas preconcebidas. A veces, vemos una situación y decidimos que las cosas son como las estamos viendo. Sin embargo pueden ser todo lo contrario.

Siempre he mantenido que ante un mismo acontecimiento siempre hay diversas versiones, y ninguna es la verdadera, por mucho que cada persona implicada crea estar en posesión de ella.

La perspectiva de lo que ocurre es algo personal. En nosotros está el no obcecarnos en nuestras ideas preconcebidas y, a través el diálogo, tratar de encontrar la respuesta más cercana a lo realmente acaecido.

Por eso la crítica no es de cristianos. Dios nos manda “no levantar falso testimonio”, y eso va más allá de no mentir. Levantamos falso testimonio cuando criticamos, porque no sabemos si nuestra perspectiva de la verdad es la correcta y porque no conocemos todos los factores que determinaron una conducta.

Una vecina criticaba un día a otra diciendo que era una mujer de vida alegre porque la veía salir asiduamente con otro hombre que no era su marido. Estaba totalmente convencida de “su verdad” y la proclamaba a los cuatro vientos. Toda la comunidad acabó envenenada, y cuando la aludida se dio cuenta de lo que estaba pasando, convocó una junta de vecinos para aclarar que aquel hombre ¡era su hermano!

Antes de aferrarte a una actitud negativa que bien puede estar equivocada, necesitas utilizar la herramienta del diálogo. Dios no te ha puesto de juez de nadie. La convivencia humana se basa en el respeto.

Cuando vengan a tu mente prejuicios o conceptos preconcebidos. Cuando creas estar en posesión de la verdad, acuérdate que si bien es posible que el cartel de ¡Cuidado con el perro! sea para que no te dañe, hay otras opciones que tal vez no has contemplado aún.

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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