“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores” (Mateo 6:12).

Los que sufrimos de falta de memoria o somos despistados, sabemos las situaciones tan embarazosas en las que a veces nos vemos envueltos. Tengo un amigo que es un caso de libro. Es un genio, una de las personas más inteligentes y más espirituales que conozco, sin embargo es un despiste andante. Varias veces nos hemos reído porque olvidó donde estaba aparcado el coche; otra vez abrió el maletero para meter las bolsas de la compra y se las dejó en la acera, ¡incluso llegó a intentar salir de casa sin pantalones! (menos mal que su esposa andaba cerca y no se lo permitió). Situaciones cómicas que resultan graciosas cuando ocurren alguna vez, pero que cuando se repiten, hacen que la persona desconfíe de sí misma y se sienta un tanto incómoda.

Sin embargo, eso que podría ser un problema en la vida cotidiana, es una verdadera bendición en la vida espiritual. La mala memoria respecto a las faltas de los demás, a sus agravios o a sus desaires, es estupenda. Eso es lo que Dios quiere, porque eso es lo que Él mismo hace constantemente cuando nos arrepentimos y pedimos perdón. De hecho, la Biblia es clara: Si no aprendemos a perdonar, no seremos perdonados (Marcos 11:25). Necesitamos perdonar y olvidar para poder tener paz mental. Pero perdonar no implica necesariamente una restauración de la confianza. Perdón y reconciliación, humanamente hablando, no son lo mismo.

A veces podemos llegar a casi destruir a la otra persona, y aunque nos arrepintamos y pidamos perdón de corazón, aunque Dios nos perdone, esa persona también y nosotros mismos lleguemos a hacerlo, debemos asumir que la relación tal vez tarde, o no pueda recuperarse. Ha quedado dañada la confianza y aunque podemos tener paz entre nosotros, no podemos pretender el mismo grado de relación que había antes. Al menos no de forma inmediata. Eso se verá con el tiempo. Es como un vaso de cristal que tiramos al suelo y se rompe en mil pedazos ¿Verdad que aunque consigamos reunir todos los pedazos y recomponerlo no volverá a ser el mismo? Nuestras acciones tienen consecuencias.

Cuando hablo de este tema, siempre pienso en el caso de las personas maltratadas. Jamás se puede obligar a una persona abusada a mantener una relación con su agresor, aunque éste haya cambiado. Las heridas del alma tardan en cicatrizar; el vaso de la confianza se ha quebrado. La misma Biblia en Mateo 18: 15-19 deja patente la dificultad de la reconciliación humana, especialmente cuando uno de los dos no quiere.

No confundas memoria con confianza. Perdonar y olvidar siempre es posible y necesario. Aún sin que te pidan perdón. Pero la reconciliación dependerá del grado de destrucción de la confianza, el sincero arrepentimiento, el cambio de corazón que Dios obre en ambas partes, la relación y el tiempo.

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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