«¿Qué Dios hay como tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad? No persistirá en su ira para siempre, porque se complace en la misericordia» (Miqueas 7:18).

Tú dibujas tu camino. A veces te sale un poco más recto y otras muy torcido. Cada equivocación es una indeseable mancha. Pero lo maravilloso es que el Creador, que te conoce y sabe que tus trazos no son perfectos, ha diseñado una herramienta maravillosa, la mejor goma de borrar para que puedas comenzar de nuevo: el perdón.

Perdonar a los demás es difícil, pero en ocasiones lo que más te cuesta es perdonarte a ti mismo. Te sientes tan culpable por el error cometido… Crees que no mereces perdón, que Dios no podrá perdonarte nunca. De modo que al final ni siquiera te atreves a pedirlo.

Una pesada losa aplasta tu pecho y sientes que apenas puedes respirar. Miras y miras dentro de ti para encontrar algún modo de disculparte, y como no encuentras solución, te angustias todavía más. Permíteme decirte que buscas en el lugar equivocado. Si estás metido en un agujero, lo primero que debes hacer es dejar de cavar.

Necesitas cambiar la perspectiva. No mires dentro de ti, mira hacia arriba. Desde la perspectiva divina todo se ve diferente.

Dios sabe que tus errores son producto del pecado que mora en ti (Romanos 7:17), que no te hace menos responsable, porque tu has elegido libremente, pero si es algo contra lo que no puedes luchar solo.

Jesús vivió en este mundo enseñándote a vivir en plena dependencia de Dios. Cuando no dependes total y constantemente de Él, el mal te ataca y en tu debilidad sueles ceder. Sin Dios no tienes forma de protegerte.

Cada elección tiene su consecuencia, y aunque Dios te perdona siempre, porque te Ama, no puedes librarte del resultado de tus acciones. De lo que si puedes y debes desprenderte es de la culpabilidad. Una vez que le has pedido perdón a Dios, debes perdonarte tú y borrar esa mancha con la goma. ¡Ya no existe mas! Dios la ha borrado totalmente (Isaías 1:18).

La culpabilidad, después de haberle pedido perdón a Dios de corazón y haber decidido no volver a repetir el mismo error, es un lastre que el Señor no quiere que cargues.

No hay pecado que Dios no pueda perdonar si te arrepientes y quieres cambiar. El llamado “pecado imperdonable contra el Espíritu Santo” (Mateo 12:31-32) es rechazar al Espíritu Santo, que es quien te convence de pecado y te llama al arrepentimiento. Si rechazas arrepentirte es que no quieres ser perdonado. Por eso, si rechazas al Espíritu Santo, estás rechazando el perdón. Estás cauterizando tu conciencia. Te estás alejando de Dios, y eso tiene consecuencias eternas.

Borra tus errores y decídete a comenzar de nuevo de la mano de Dios. Deja que sea Él quien guíe tu mano y seguramente cometerás muchos menos errores…. siempre y cuando le dejes a Él dibujar…

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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