“He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:7).

“Lo más importante de los Juegos Olímpicos no es ganar sino participar; así como lo más importante en la vida no es el triunfo, sino la lucha. Lo esencial es… haber peleado bien”. Estas palabras fueron escritas en las Décimo octavas Olimpiadas en Tokio, y resumen a la perfección la vida cristiana.

Lo que hace grande a una persona no es el éxito social, sino su manera de afrontar la vida. El verdadero ganador no es el que más dinero o posesiones tiene, sino el que ha desarrollado, con la ayuda de Dios, un carácter como el de Cristo ¡Esa si es una victoria real! Esta vida no vale nada, es pura chatarra. La medalla de oro es la Vida Eterna. Estás aquí para decidir si la quieres o no.

En las competiciones deportivas un único ganador se alzará con la medalla dorada, y la mayor parte de las veces, en realidad, no suele ser el mejor, sino el que ha perseverado y se ha esforzado más.

En la vida cristiana no es importante llegar el primero, sino llegar. El Señor tiene medallas de oro para todos. No importa el orden en el que atravieses la línea de meta. Por eso, en la  carrera de la vida cristiana, lo importante es la perseverancia. Es una carrera de fondo. Dice el apóstol Pablo: “solamente el que persevere hasta el fin será salvo” (Matero 24:13).

Es bien cierto que el Señor multiplica las fuerzas de quien no tiene (Isaías 40:29), y que Él es quien te ayuda tanto en el querer como en el hacer, por Su buena voluntad (Filipenses 2:13), pero a ti te corresponde una parte fundamental: Tomar la decisión.

Dios está deseando bendecirte, ayudarte a cambiar… Anhela que permitas al Espíritu Santo trabajar en  tu corazón, pero Él nunca fuerza a nadie. El Amor verdadero no se impone, se ofrece. Tu Padre quiere que le elijas, para que puedas aprender a Amarle de verdad, con ese Amor puro que solamente Él puede dar.

Una medalla de oro es el premio humano al esfuerzo y al tesón, pero la recompensa que Dios tiene preparada para ti es mucho mayor que cualquier medalla: Vida eterna de paz y felicidad a Su lado.

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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