“En la escritura, como en el baile, todo es cuestión de saber dar la vuelta”. JOSÉ EMILIO PACHECO

Podemos escribir textos sin reglas y sin utilizar ninguna normativa que nos encorsete. Pero, como todo en la vida, las normas, aunque parezca que nos restan libertad, en realidad nos dotan de una guía, un orden y una organización tremendamente útil. Sin duda, el uso de un manual de estilo es una ventaja, tanto para el autor, como para el editor y los lectores, en lo relativo a la organización, identidad, armonización y estructuración de cualquier tipo de publicación.

¿Qué son y para qué sirven los manuales de estilo?

Los manuales de estilo otorgan identidad, y constituyen un conjunto de normas para la escritura y el diseño de documentos, que proporcionan uniformidad en el formato. Hay tantos, y son tan variados, como el propio propósito de los mismos. Pero su utilidad es innegable para la unificación de estilos, la redacción, y la presentación de cualquier documento o publicación.

Un manual de estilo no se crea para enseñar a escribir o cómo aplicar una determinada regla ortográfica, sino para reglamentar preferencias de uso. Aborda, de forma detallada, cuestiones relativas a la escritura y al lenguaje; a los aspectos formales de la lengua escrita, así como también a los aspectos gráficos, técnicos y funcionales en el caso de los sitios web y de las aplicaciones.

Tipos de guías de estilo

Existe tal variedad de estilos editoriales, que es imposible abarcarlos todos, dado que la reglamentación y usos puede ser tan diversa como el propio criterio humano. Pero podemos hacer cuatro bloques subjetivos.

  • Manuales de estilo para la redacción. Que incluirían los periodísticos, editoriales, institucionales y académicos, entre otros.
  • Manuales de estilo gráfico. Entre los cuales se encontraría el conocido manual de identidad visual para la aplicación de la imagen de una empresa o marca.
  • Manual de estilo digital. Dirigido a la creación, diseño y maquetación de una página web o aplicación. Incluyen información técnica, de programación, gráfica y lingüística, para imprimir coherencia al sitio.
  • Manual de estilo de uso. Para reglar el uso de los nuevos medios de comunicación, como redes sociales, etc.

Por lo general, las guías de estilo se revisan y adaptan periódicamente, y su principal función es establecer preferencias o matizar normas en ciertos contextos, tan variados como las disciplinas existentes. Por ejemplo, a los investigadores se les recomiendan unas pautas de estilo para sus artículos y libros; y a los autores, los editores les proporcionan sus propias directrices. Los departamentos de comunicación de las empresas tienen su manual de estilo editorial, y las ONG los suyos. Los diarios tienen, además de sus diversas líneas editoriales, manuales de estilo específicos sobre muchas otras cuestiones, entre las que se encuentra, por ejemplo, el diseño gráfico para la maquetación de sus páginas.

En Internet, hay una gran variedad de manuales de estilo. Pero en general, los temas más tratados, tanto en los manuales digitales como en los analógicos, son temas relativos al uso de la puntuación; la cursiva; las comillas; la disposición de las enumeraciones, así como de los índices, símbolos, etc.; el uso de la bibliografía; las preferencias en el léxico y la terminología; las cuestiones legales y éticas; el diseño (con temas tan variopintos como la elección del papel y la tinta en medios impresos, o la estructura del código HTML o JavaScript en Internet. Etc.

Contenidos habituales en las guías de estilo

  • Normas que afectan al editor y a los correctores. Como los aspectos de la ley de Propiedad Intelectual relativos al derecho del autor; las normas de alfabetización; o el empleo de las mayúsculas y minúsculas, entre muchos otros.
  • Normas que afectan a los redactores y autores. Como los criterios deontológicos; las instrucciones para la correcta presentación de los originales; o el estilo, tono y estructura de diversos textos específicos, entre otros.
  • Normas que afectan a los traductores. Como los criterios para resolver problemas de transferencia cultural; o los criterios de transcripción; o las normas de transcripción de nombres propios y topónimos, etc.

Como curiosidad: Todas las casas editoras, empresas, periódicos, ONG, etc. cuentan con recursos suficientes para escribir grandes manuales, por lo que la mayoría reducen a un compendio de 30 a 150 páginas, que se desarrollan, piensan, repiensan y crecen con el paso de los años. Evolucionan como el propio pensamiento humano.

Creando identidad a través del manual de estilo

Ya hemos comentado que el manual, o guía de estilo, aporta unidad, armoniza y crea identidad, pero de todos los conceptos útiles, el de la identidad es uno de los más interesantes, porque aporta especialización, diferenciación y por tanto notoriedad.

La identidad a través del manual de estilo se consigue a través de muy diversas selecciones y normas. Por ejemplo:

  • Palabras que permiten dos acentuaciones. Escogeremos cuál es el vocablo preferido y lo mantendremos durante todo el texto. Evita confusiones, ambigüedad y aporta coherencia y seriedad. Según el vocablo elegido, estaremos aportando algo de nosotros mismos y de nuestra personalidad (o la de la marca a la que representamos).
  • El uso de comillas, cursivas, etc. Son recursos a nuestro alcance. Para aportar identidad debemos escoger un recurso y aplicarlo siempre. No mezclar.
  • Por ejemplo, en el uso de las comillas, tendremos que decidir si las usaremos con la tipología angular, latina, volada o inglesa. Nuestra elección dirá algo de nosotros o de nuestra marca, aunque sea subjetivamente.
  • Mayúsculas, minúsculas y versales. Como norma general evitemos siempre el uso de mayúsculas en palabras o frases enteras. Parecen gritar.
  • Debemos prestar atención a los diferentes tipos y usos de los guiones.
  • No usemos diversas viñetas y listas sin coherencia. Necesitamos establecer diferentes niveles y respetarlos.
  • Escogeremos si preferimos notas al pie de página o al final, pero no ambas cosas.
  • Bibliografía. Aunque hay muchas formas de citar la bibliografía, y todas son correctas, debemos escoger una que se adecúe a nosotros y mantenerla. En caso de que sea para publicar, lo importante no es nuestra opinión o gusto, sino la de el medio para el que va.
  • Hay que escoger si el orden será alfabético, de aparición, importancia…
  • Elegiremos si empleamos el nombre completo o su código ISO.

Cada decisión, cada elección, se convierte en una norma que debemos mantener y que más allá de la estructura, la armonización, la unificación, la homogeneización, etc., dotará de identidad a todos nuestros textos.

 

Bibliografía

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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