“Por lo demás, hermanos, regocijaos, sed perfectos, confortaos, sed de un mismo sentir, vivid en paz; y el Dios de amor y paz será con vosotros” (2 Corintios 13:11).

Ciertamente nunca podrás ser tan feliz en este mundo como lo serás cuando Jesús vuelva, cuando vivas en un lugar perfecto donde el mal, el sufrimiento y la muerte ya no existan más. Pero puedes ser feliz aquí y ahora, porque la felicidad no depende tanto de factores externos como de tu elección personal.

El Señor desea que te regocijes; que seas feliz; que vivas con el gozo que Él te da; que trates de reflejar el carácter de Jesús; que vivas en paz con los otros; que le ames y les ames… como Él ama. Y todo eso es resultado de una vida conectada con el Salvador y del trabajo que el Espíritu Santo hace dentro de ti. Él cambia tus pensamientos y los eleva. Te da la perspectiva correcta de la vida, sin la cuál jamás podrás ser realmente feliz.

Quieres controlar lo que pasa en tu vida, pero tú no tienes el control. No sabes siquiera si despertarás de nuevo. Aprovecha este momento para llenarte de Dios, que es la paz, el amor y la felicidad. Cuando vengan las dificultades, tu vida estará tan anclada en Él, tu confianza será tan fuerte, tu relación tan estable, que nada podrá vencerte.

La felicidad es un estado mental que solamente puede vivirse en presente. Puedes soñar con ser feliz en el futuro, pero el futuro es siempre incierto. ¿Por qué no disfrutar del ahora?

La felicidad es una elección personal. Tu decides cómo enfrentar la vida. Nadie está libre de problemas y sufrimientos. Lo que diferencia a una persona feliz, que vive en paz a pesar de la dificultad, de una infeliz, es su elección. Vivir con Dios es muy diferente a elegir vivir sin Él.

Cuando escoges ser feliz, eliges agradecer por lo que tienes en lugar de quejarte por lo que no. Decides que los problemas son secundarios, que no te van a dominar. Al fin y al cabo: “Si tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene, ¿por qué te preocupas” (Proverbio Árabe). La preocupación es el principal enemigo de la felicidad. La preocupación ocurre porque no has aprendido a confiar realmente en Dios; y no confías en Él porque no le conoces lo suficiente; y no le conoces lo suficiente porque no pasas tiempo de calidad cada día con Él.

Los problemas son como piedras. Puedes elegir quedar sepultado o puedes determinar apoyarte en ellas y subir por encima. Al final, tendrás las consecuencias de tu elección.

Debes ocuparte, no preocuparte, y una de las muchas ventajas de tener una relación sincera y real con Dios es que aprendes a confiar en que Él llega donde tu no alcanzas.

La confianza en el Creador es una poderosa herramienta de felicidad y salud mental.

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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