Pon tu vida en las manos del Señor; confía en Él, y Él vendrá en tu ayuda” (Salmos 37:5 DHH).

Me gusta de forma especial este texto en la versión Dios habla hoy, aunque tradicionalmente, en la Reina Valera, el texto reza: “Encomienda á Jehová tu camino, Y espera en Él; y Él hará” (RVA).

Donald sufría de fibromialgia, una dolorosa y desconocida enfermedad que le dificultaba su vida y sus relaciones personales. No podía trabajar. Sentía dolor, estaba cansado, y cada esfuerzo común a él le costaba mucho más que a los demás. Pero lo peor de todo era la incomprensión de los otros. Como no es una enfermedad que pueda verse, la gente era muy dada a juzgarle y criticarle. Así somos los seres humanos pésimos jueces que rápidamente tenemos el caso listo para sentencia sin conocer los detalles.

El dolor, unido al cansancio propio de su mal, más la incomprensión de los que le rodeaban, y la falta de esperanza en una solución, le causaron una terrible depresión de la que no conseguía salir.

– ¡Dios! –gritó un día desesperado entre lágrimas- ¡Si estás ahí dame una señal!

Pero nada ocurrió, hasta que un par de meses más tarde recibió la inesperada visita de William, un carpintero jubilado.

Cuando Donald le preguntó a qué se debía su visita, el carpintero le contó que su esposa, ahora fallecida, había sufrido durante muchos años de la misma enfermedad, y aunque no podía hacer nada para remediar el dolor y el cansancio de Donald, ni cambiar los prejuicios de sus vecinos, lo que sí podía hacer era ofrecerle su amistad, su comprensión y su cariño. Él era cristiano, y su Jesús le pedía que Amara a los demás y les ayudara. En Donald había visto la oportunidad de colaborar con el Maestro. Además, su amistad aliviaría su soledad.

Pronto ambos hombres se hicieron amigos, y aquel carpintero llegó a ser como un segundo padre para Donald. Conversaban, caminaban juntos, se prestaban libros y hablaban de ellos…

Gracias a Dios y a la amistad de William, Donald superó su depresión y continuó luchando con su enfermedad y con la vida. Conoció a Jesús y Él le ayudó a soportar mejor el dolor, el cansancio y la incomprensión. Jesús llenaba ahora su vida ¿Y todo por qué? ¿Porque un desconocido decidió visitarle, escucharle y pasar tiempo con él? También, pero sobre todo porque un día de desesperación clamó a Dios, creyó que Él podía ayudarle y le pidió que actuara en Su vida.

Es cierto que Dios no contestó enseguida. Pero lo hizo en el momento en el que Donald estaba preparado.

En cuanto a William, también podemos aprender de él. Si buscamos a Dios cada día y aprendemos a escuchar Su voz, podemos serle tremendamente útiles, y podemos ser grandemente bendecidos a Su servicio.

Dios, a veces, permite situaciones que no comprendemos, pero recuerda que Él es poderoso, vendrá en tu ayuda y actuará para bendecirte, si decides entregarle tu vida y confiar en Él.

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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