“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34-35 RVR1960)

Éste no es en sí un nuevo mandamiento. Lo que es nuevo es que Jesús no pide a sus discípulos que amen con el amor humano, sino que Amen con el Amor divino. El Amor que solamente Jesús puede dar.

Todos podemos ayudar a curar emocionalmente a otras personas a través del cariño.

Andrés era un niño de 9 años que padecía de una grabe enfermedad hepática. Llevaba días en el hospital, estaba triste y no quería comer. Venía de una familia disfuncional y no tenía demasiado interés por ponerse bien. Sus padres apenas pasaban tiempo con él. Estaba más enfermo emocionalmente que físicamente.

Diana era enfermera en el hospital infantil en el que estaba Andrés. Ella había escuchado a la médica decir que aquel niño no tenía interés por recuperarse. Ni siquiera quería alimentarse.

Los médicos se encargan de curar el cuerpo, pero hay muchos enfermeros del alma en los hospitales, gracias a Dios. De modo que Diana compró una caja de galletas y se dirigió a la habitación de Andrés.

Diana se sentó a su lado, encendió la tele, abrió su paquete de galletas y comenzó a hablar con el niño. Pero Andrés no tenía ganas de charla, de modo que solamente contestaba con monosílabos.

La enfermera no se dio por vencida. Cada día, a la misma hora, entraba en la habitación del niño con una bolsa de galletas y una tonelada de cariño.

Finalmente Andrés comenzó a hablar, empezó a sonreír, llegó incluso a llorar contándole lo que sentía, ¡ah! y ¡comenzó a comer galletas!

Al poco tiempo, Andrés estaba mucho mejor. Comía lo que le daban y estaba animado. Todos los días esperaba la hora en la que sabía que Diana entraría en la habitación llenando su mundo gris con un poco de color.

La operación fue un éxito. Los médicos se felicitaban unos a otros del buen trabajo realizado. Nadie le dio las gracias a Diana por su labor constante. Ese tipo de trabajos no suelen verse.

Al cabo de los años, Diana, ya jubilada, estaba sentada en el parque, cuando un joven se sentó junto a ella con un paquete de galletas.

– ¿Sabe? -le dijo el joven- Hay personas capaces de cambiar la vida de otras con un paquete de galletas…. Y mucho cariño.

Ambos se fundieron en un sincero abrazo y comenzaron a hablar del pasado, del presente y del futuro. El cariño de Diana fue un punto de inflexión en la vida de aquel niño.

Nunca sabemos el bien que puede hacer una sonrisa, un gesto de cariño, unas palabras amables, o el desinteresado trato afectivo con otra persona. El cariño sana a las personas.

Tú también puedes ser enfermero del alma.

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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