“Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6:35-36).

Jack era un pastor alemán de lo más cariñoso, pero no siempre fue así. Lo recogieron de un centro de acogida de animales abandonados cuando todavía era joven. Había vivido poco, pero intensamente. Llegó a la perrera con numerosas heridas, y mucho miedo. En los archivos estaba catalogado como un animal antisocial que gruñía y llegaba incluso a morder. Era el candidato perfecto para el sacrificio.

Cuando Manuela fue al centro de acogida, para llevarse un cachorrito, lo hizo acompañada de su hija Sara de 10 años. Los responsables del lugar enseguida les mostraron los cachorros mas tiernos, los animales mas dulces y los más simpáticos. Manuela estaba segura de que Sara se interesaría por alguno de ellos. Sin embargo, para su sorpresa, y la de todos los trabajadores, Sara se encaprichó de Jack. Enseguida le explicaron que no era una buena idea, pero Sara protestó. Quería a Jack.

Cuando Manuela le preguntó la razón la niña argumentó:

– Mamá, es que ese perro me necesita…

Ante aquella respuesta tan directa, Manuela solicitó un poco más de tiempo para Jack. Durante todo un mes Manuela acompañó a Sara, todos los días al salir del colegio, a ver a Jack. Le llevaban golosinas y comida para perros. Pronto Sara pudo acariciarle sin miedo, y en poco tiempo el perro estuvo listo para salir de su encierro. Lo cuál por cierto, necesitó también de un periodo de adaptación. Sin embargo, Jack acabó siendo el mejor perro que aquella familia tuvo jamás.

Y es que el Amor rehabilita a los animales, pero también a las personas. Conozco gente amargada; gente incapaz de un “buenos días”; personas que provocan el mayor de los rechazos por su actitud insociable y negativa. Son personas “Jack”. Seres humanos que han sufrido, que tienen traumas, frustraciones, miedo e inseguridad, y muestran ese lado intratable porque prefieren estar solos antes de que otros les hagan más daño.

Ante personas “Jack”, lo fácil es apartarlas, ignorarlas y clasificarlas. Sin embargo, la mayoría de ellas tienen un gran potencial dentro. Solamente necesitan una cura de cariño.

Cuando te cruces con una de estas personas, no las ignores, no las critiques. Atrévete a sonreírles aunque no te devuelvan la sonrisa, y háblales con cariño y amabilidad aunque no te apetezca, porque, en la mayoría de los casos, el cariño acabará por hacer que se abran. Al fin y al cabo, dicen que “nadie necesita tanto una sonrisa como quien no sabe sonreír” (Desconocido).

Si hay personas “Jack” en tu vida, recuerda que hay una razón que desconoces por la que son así. No las juzgues, tan solo muéstrales el carácter de Jesús. Aunque al principio gruñan o muerdan, lo necesitan. Solo él puede cambiarlas.

Esther Azón

Acerca Esther Azón

Productora de TV & Redactora. Avalada por su cocina, redactora hasta en vacaciones, jugadora serial de Catán, esposa y madre.

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