Dado el crecimiento indiscriminado de antenas de todo tipo a nuestro alrededor, actualmente vivimos un fenómeno llamado: “antenofobia”, miedo (excepto yo) a ese nuevo aparato tecnológico, redondo o alargado, que antes no estaba en el tejado de mi vecino Luis, y que ahora debe ser el causante de la mayoría de mis males: dolor de cabeza, cuello, espalda, insomnio y la subida del carburante.

Y esos son los aparatos que veo, ¡pero a saber qué otros “trastos” tiene Luis dentro de su casa!, porque cuando trato de conectarme a mi Google, (=Internet), me salen más de 17 nombres extraños como: “WLAN_16”, “TP-LINK_DEE106”, “WIFI_CASA”, etc. que me impiden pulsar fácilmente en mi nombre de acceso (a Internet) de siempre: “Internete-de-Paco”…

Hoy, como hombre post-moderno, he dejado atrás los miedos propios de finales del siglo XX: “la contaminación”, (ahora todos los coches son ECO-lo que sea); “el ascensor”, (ahora sabemos que no es necesario un paracaídas y que finalmente sí se detiene); “la torre de alta tensión sobre mi adosado”, (al final te acostumbras al ruido «trssssssssssssss», y subiendo un poquito la tele, al final, ni se oye). Y ni hablar del «caso microondas».

Hoy en día podemos encontrar, en casi cualquier sitio, acceso a Internet mediante redes Wi-Fi, incluso gratis, por utilizar algún servicio o medio de transporte.

¿Qué dicen los expertos?

Hace unos años leí, en La Vanguardia, el artículo de Raquel Quelart: “¿El wifi perjudica la salud?. Con cierta preocupación me di cuenta de lo poco que nuestra sociedad conoce, realmente, sobre la «radiación no ionizante» (o «campos electromagnéticos»):

  • Hay una cierta preocupación sobre la necesidad de regulación del uso de ordenadores y dispositivos móviles en entornos educativos y hospitales. (Vamos, básicamente: no dejar que mi primo Genaro se encargue del sistema informático en estos sectores, y que las instalaciones de redes cuenten con la correspondiente certificación).
  • Una red Wi-Fi o un portátil no supone ningún problema, sino un montón funcionando a la vez”, opina Joan Carles López, experto en Geobiología y radiaciones del hábitat. (¿Alguna vez has comprobado entre cuántas redes Wi-Fi vives? Prueba y verás como te sorprendes).
  • La Organización Mundial de la Salud (OMS), sostiene que la principal consecuencia de la interacción entre la energía radioeléctrica y el cuerpo humano es el calentamiento de los tejidos. (O lo que es lo mismo, tu urólogo tiene razón al pedirte que no lleves el móvil en los bolsillos delanteros de tus pantalones).
  • Elisabeth Cardis, responsable de radiaciones del Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental (CREAL), argumenta que:
    • “La exposición del cerebro al teléfono móvil, como lo utilizamos más cerca de la cabeza, es mucho más alta que la de un router wi-fi o un portátil”.
    • “La exposición a las radiaciones del wifi es más elevada por el ordenador que por el router”.

Pero hace unas semanas tras leer el artículo de Judith de Jorge en el ABC: “El wifi supone tanto peligro como un caracol en una autopista: Ninguno”, me quedé más tranquilo al saber que en nuestro país se ha realizado un estudio durante cuatro años sobre este tema en Albacete, (si, yo también lo volví a leer: ¡en Albacete!).

¿Por qué en Albacete?

¿Así nos gastamos el dinero?, ¿por qué no hacer ese estudio en Madrid, Barcelona o Valencia? ¡Así va España! (Serían las típicas quejas de cualquier buen español). Pero al seguir leyendo el artículo te enteras que el motivo es que no importa la ciudad que sea, ya que la densidad de antenas está relacionada con la densidad de población.

Así pues, un equipo de doctores en Física de la Facultad de Medicina y la Escuela Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) escogieron a 75 albaceteños y los expusieron a 14 bandas de frecuencias: FM, TETRA, TV y las seis bandas de telefonía móvil, Wi-Fi, DECT y demás.

Los voluntarios llevaban consigo sus medidores exposímetros con una sensibilidad de 0,000000066 W/m2 (=el más preciso que existe), ¡durante todo el día!, en cualquier lugar que estuvieran. Además llevaban también un GPS con el que después eran situados en un mapa. Finalmente se tomaron 8.640 registros por voluntario, obteniendo 13 millones de datos.

Para hacernos una idea, las ondas FM de la radio emiten una radiación más alta: 0,0001 W/m2 (y aún así es una radiación mil veces por debajo del límite legal). En telefonía se encuentran entre 0,00004 W/m2 a 0,00001304 W/m2, que son aún más bajas. El 90% de los registros se encontraba entre 500 y 10.000 veces por debajo del límite legal.

Según el físico Enrique Arribas Garde, director del grupo de investigación de ondas de RF de la UCLM: “El mando a distancia de la tele es 10.000 veces más potente que las ondas de radiofrecuencia y a nadie parece preocuparle”.

Guía de buenas prácticas

Con todo lo aprendido me he hecho una guía que, espero, me ayude a pasar el máximo número de horas alejado de aquellas antenas que me pueden, (o no), complicar la vida:

  1. Dejar el móvil fuera de la habitación antes de dormir.
  2. No llevar el móvil en el bolsillo del pantalón o en el interior de la chaqueta.
  3. Situar el router wifi lo más alejado de mi zona de descanso posible.
  4. Utilizar teléfonos inalámbricos ECO DECT.
  5. No acumular más de 2 aparatos técnicos en un mismo lugar donde pase muchas horas.

Se radical por convicción y decisión

Hay otras soluciones más radicales para tratar de vivir alejado de la tecnología que nos rodea, y he de confesar que en más de una ocasión las he valorado seriamente, como irme a vivir a un lugar sin Wi-Fi, Bluetooh, móviles, etc. El problema principal es encontrarlo, pero … ¡existe!, (ya está casi todo inventado), mira (pulsa sobre la imagen):

THE TOWN WITHOUT WI-FI - Washingtonian

THE TOWN WITHOUT WI-FI – Washingtonian

¿Podrías vivir en un lugar así?, ¿a qué dedicarías el tiempo que te sobra al no estar “enchufado” las 24 horas del día?, ¿serías más feliz?

Espero que este artículo te haya servido de ayuda para tomar tu propia decisión sobre si seguir durmiendo, o no, con el móvil en la mesilla de noche. Y recuerda … ¡nos vemos en Green Bank!

Fuentes:

Pablo Sánchez

Acerca Pablo Sánchez

Director de HopeMedia. Ciclista extremo, jugador de ping-pong, experto en compras familiares y padrazo.

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